Cómo se cumplen los deseos

En mi ritual de solsticio de verano, pedí valor. Pedí fuerza, que mi guerrera interna se manifestara. Quería poder y resolución para enfrentar asuntos que se habían sucitado en mi vida y que me tenían preocupada. Esa preocupación se había convertido en angustia y ansiedad, así que estaba evitando lidiar con ello. Pero el estrés comenzó a acumularse. 

Decidí en ese momento que tenía que enfrentar esos asuntos sola, aguantando lo que hiciera falta, sacrificando lo que fuese necesario. Resistiendo.  

Coloqué una corona de flores sobre mi cabeza, invoqué el poder del sol, dije las palabras con convicción. Pedí valor. Pedí fuerza. Tomé la energía del verano, convencida de que ésta sería mi escudo y espada para resolver todos mis conflictos. 

Los deseos son algo peculiar. En muchas historias, sobre todo aquellas que involucran genios, aparece la siguiente lección: cuidando con lo que deseas. No es raro encontrar anécdotas es las que se otorgan peticiones de forma inesperada, normalmente porque el deseo no se fórmula de manera adecuada o no se piensan las consecuencias de éste. Los cuentos de hadas son enseñan que si no somos conscientes y cautelosos, podemos recibir una versión retorcida de lo que añoramos. Esto sin duda tiene una base en la realidad. Pero también puede pasar lo opuesto, a veces el universo nos da exactamente lo que necesitamos, aunque no sea lo que teníamos en mente. A veces sale mejor de lo planeado. Sólo muy muy diferente. 

En mi ritual de solsticio de verano pedí valor. Recibí el valor para pedir ayuda. Recibí el poder para abrir la caja de Pandora que estuve tratando de ignorar por un buen rato. Recibí la fuerza para llorar. Esa espada y escudo que buscaba llegarán a través de hablar con alguien, de tratar mi ansiedad como tal, de pedir apoyo. Quería ser una guerrera y no se me ocurrió que me mandaran a luchar con cosas que hay dentro de mi propia cabeza; pero éste es probablemente el camino que necesito seguir. Yo pedí un resultado, nunca dije cómo o por qué medio, y me alegra no haberlo hecho. A veces es bueno confiar en que el universo (o el Sol, o el Dios o tu propio subconsciente, como quieras llamarle) sabe más lo que necesitas y como cumplir tu deseo. 

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